Fecha de actualización: 10/06/2021
Parte IV: Los murciélagos no hematófagos y la rabia

Capítulo 27: La transmisión de la rabia por murciélagos no hematógenos. Procedimientos a seguir para evitarla.

La rabia en los murciélagos no hematófagos

Como ya fue tratado en anteriores capítulos, los murciélagos son susceptibles de sufrir la rabia y también son capaces de transmitirla. Son reservorios de las variantes virales de ciclo aéreo del virus de la rabia (ver Capítulo 3). No obstante, como ya fuera señalado, el porcentaje de murciélagos que resultan ser positivos en los análisis de laboratorio para rabia es bajo (menor de dos dígitos).

Dentro de las colonias de murciélagos el virus se mantiene por transmisión de animal a animal. Se estima que las mordeduras que se producen durante las peleas juegan un papel importante en dicha transmisión y no se descarta, aunque no ha sido aún comprobada, la transmisión por aerosoles. 

La transmisión al hombre  y a los animales terrestres tiene lugar fundamentalmente por mordedura y en el segundo caso también por predación, aunque se considera también posible la transmisión por aerosoles, sobre todo dentro de las cavernas donde los murciélagos tienen sus colonias (ver subcapítulo “Formas de transmisión”). La transmisión de la rabia desde los murciélagos a especies terrestres incluido el hombre es considerada como “fuga” de las variantes virales de ciclo aéreo (ver Capítulo 3).

Se desconoce la duración del período de latencia de la rabia en murciélagos, pero la sintomatología rábica en ellos está bien descrita. Se debe sospechar una posible infección rábica cuando el murciélago:

  • Se muestra desorientado.
  • Vuela durante el día (el murciélago sano es de hábitos nocturnos).
  • Presenta dificultad para volar.
  • Al volar, choca contra objetos.
  • Permanece caído en el suelo (cuando ya no es capaz de volar debido al progreso de la parálisis)
  • Ya en el suelo, aletea y se muestra agresivo.
  • Postración y muerte en etapas posteriores.

Debe señalarse que no todos los murciélagos caídos en el suelo están necesariamente infectados por el virus de la rabia; también pueden estar afectados por enfermedades diferentes a la rabia, lastimados o heridos. Pero dado que sólo un diagnóstico de laboratorio puede descartar la rabia, todo murciélago con los signos descritos debe considerarse potencialmente infectado con el virus rábico.