Fecha de actualización: 10/06/2021
Parte II: Procedimientos frente a una "exposición" (mordeduras, rasguños, etc.) al virus rábico

Capítulo 15: Qué debe hacer la persona que sufrió una "exposición" (persona agredida: persona mordida, rasguñada, etc. por un animal)

Profilaxis posexposición

Debido a que, como ya se mencionó, el sistema inmune por sí mismo no es capaz de proteger al individuo contra el virus de la rabia y a que no existe un medicamento antiviral que pueda combatirlo, la única forma de evitar la enfermedad es la denominada “Profilaxis posexposición” (PPE). 

Se denomina “profilaxis” y no “tratamiento” porque lo que se hace es prevenir la aparición de la enfermedad (como se verá más adelante) y no curarla (ya que es incurable). 

Se denomina “posexposición” porque se efectúa precisamente luego de haber ocurrido una “exposición”.

La PPE consiste en la administración de vacuna antirrábica, acompañada o no de la administración de gammaglobulinas (anticuerpos) antirrábicas. El fundamento de la aplicación de estos biológicos es lograr que los anticuerpos, ya sean los que se produzcan como respuesta a la vacuna o los administrados directamente por inyección de las gammaglobulinas, neutralicen el virus antes de que ingrese al SNC y produzca los síntomas (fig. 10); de este modo se previene el desarrollo de la enfermedad. 

Fig. 10. Neutralización del virus rábico.

Los anticuerpos antirrábicos, a través de sus sitios de unión (remitirse a la fig. 8 del Capítulo 8), se unen específicamente a la proteína G del virus (se podría decir que la “cubren”). Dado que la acción de esta proteína es lo que permite al virus penetrar en las neuronas para ejercer su efecto patógeno, su “cubrimiento” evita la enfermedad; es lo que se denomina proceso de “neutralización”.

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Esquema diseñado por los autores del sitio.

Los dos pasos mencionados deben efectuarse lo más rápido posible (recordemos que la persona debe actuar como si hubiera habido transmisión de virus, aunque luego el médico defina la inexistencia o la improbabilidad de la transmisión): el primero (lavado de la herida) para eliminar e inactivar una cierta cantidad de los virus recibidos por la “exposición” y el segundo porque cuanto antes se aplique la PPE (si el médico considera que es necesaria), más rápido podrán actuar los anticuerpos antirrábicos para neutralizar al virus eventualmente presente, antes de que llegue al SNC. No obstante, no hay un límite de tiempo o plazo máximo a partir del cual sea inútil aplicar la PPE: cuanto más rápido mejor, pero siempre se debe concurrir a la consulta médica, no importa cuánto tiempo haya pasado desde ocurrida la “exposición”.

Ya en el consultorio, el médico define el nivel de riesgo de presencia del virus, la pertinencia o no de la administración de la PPE y, en caso de considerar necesaria su aplicación, las características de la PPE (número de dosis de vacuna e intervalos de aplicación y la pertinencia o no de la administración de gammaglobulinas). 

Lo hace mediante la evaluación de parámetros clínicos y epidemiológicos y de las condiciones del animal responsable de la “exposición”

Se mencionan algunos de los parámetros que el médico tiene en consideración: 

  • Características de la herida y/o de la piel o mucosa lamida: extensión, profundidad, ubicación en el cuerpo, etc.
  • Características del animal que genera la “exposición”: especie, posibilidad de contar con el animal para su observación antirrábica, estado de vacunación, si su hábito de vida es domiciliario (vive exclusivamente dentro de su domicilio, no tiene contacto con otros animales desconocidos y sale a la calle con correa acompañado por su dueño) o callejero (pasa largos períodos fuera de su domicilio, sin control), si agredió por provocación o en forma espontánea y sorpresiva, si vive en o proviene de o viajó a una región donde hay circulación de virus rábico, etc.
  • En el caso de que el animal involucrado en la “exposición” sea un murciélago, se tiene en cuenta que puede resultar imposible determinar si hubo o no contacto pues sus mordeduras son muy superficiales y pueden pasar inadvertidas.

Frente a una “exposición”, resulta conveniente tener presente los parámetros mencionados, ya que el aporte de datos sobre el animal y las circunstancias que rodearon a la “exposición” facilitará la tarea del médico. 

También es el médico quien, cuando lo considera conveniente, puede solicitar una prueba de titulación de anticuerpos antirrábicos con el objeto de conocer el nivel de anticuerpos antirrábicos neutralizantes circulantes que tiene el paciente y que es una medida de la eficacia de la PPE. Esta prueba sólo implica para el paciente una extracción de sangre.

Un aspecto a subrayar es que la adhesión del paciente a la PPE, o sea, el cumplimiento del esquema indicado por el médico resulta fundamental para su eficacia. Cualquier modificación o interrupción pone en riesgo la vida, ya que no se logrará la protección necesaria frente a una enfermedad 100 % letal como es la rabia. 

Foto 16. Vacunación antirrábica.

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Fuente: http://voxpopuli.com.ar/site/?p=25201. Actuaslizado al  noviembre 21 de 2016. Consultado el 29/07/2018.

Es importante señalar que la vacuna y la gammaglobulina antirrábicas son de aplicación gratuita en los centros de salud públicos (excepto en el caso de la profilaxis pre exposición de los viajeros, como se verá en el subcapítulo "Profilaxis preexposición). También hay centros de salud privados que la aplican en forma arancelada.

Por el momento, las únicas vacunas antirrábicas aprobadas en el mundo para su uso en humanos son las vacunas convencionales a virus inactivado.

Las gammaglobulinas antirrábicas que se administran en la Argentina son de origen humano.

Para más detalles acerca de las vacunas y gammaglobulinas antirrábicas, ver el Capítulo 12 y el Capítulo 13, respectivamente.