Fecha de actualización: 10/06/2021
Parte I: Generalidades

Capítulo 7: Qué hace el virus una vez que entra al organismo (patogenia)

El virus rábico es neurotrópico, o sea, tiene afinidad por el tejido nervioso. Este neurotropismo se manifiesta no sólo en su destino final que es el SNC sino en la vía que utiliza para alcanzarlo. Porque a diferencia de la mayoría de los patógenos que “viajan” por el organismo a través de la sangre, el virus rábico viaja hasta el SNC a través del tejido nervioso, en particular, a través de los nervios periféricos y más precisamente, a través del flujo axonal (transporte de materiales que ocurre a través de los axones de las neuronas).

El camino que sigue el virus rábico luego de penetrar al organismo se ilustra en la fig. 7: 

El virus ingresa, como vimos, a través de una mordedura en la mayoría de los casos (1º en la fig.) y se multiplica dentro de las células del sitio de mordedura (2º). Si la mordedura es profunda, la multiplicación viral tiene lugar fundamentalmente en las células musculares y si es superficial (como sucede en las mordeduras de murciélagos no hematófagos) el virus se multiplica en las células de la piel. El período de tiempo en el que el virus se multiplica en el sitio de entrada depende en parte de la cantidad de virus ingresada. 

Luego el virus entra a los nervios que inervan la zona lesionada (3º). Para entrar, une su proteína G a ciertas estructuras de la membrana de las neuronas que conforman los nervios; podría decirse que la proteína G es una llave que al unirse a la cerradura que le corresponde, abre la puerta de entrada a la célula nerviosa. 

Ya dentro del nervio, el virus se traslada a través del flujo axonal a una velocidad promedio de 5 a 100 mm por día, en sentido retrógrado o centrípeto (4º), o sea, desde las terminaciones nerviosas del sitio de entrada (mordedura, por ejemplo), hasta el encéfalo, donde se multiplica dentro de las neuronas (5º).

Mientras se multiplica en el SNC, en particular en el encéfalo, sigue “viajando” a través del flujo axonal, pero esta vez por los nervios periféricos motores y en sentido contrario (anterógrado o centrípeto) (6º): desde los cuerpos neuronales del SNC hacia otros tejidos y órganos altamente inervados, tales como las glándulas salivales; consecuencia: el virus aparece en la saliva de los animales infectados de rabia.

Una vez que el virus se ha multiplicado lo suficiente en el encéfalo, provoca mínimos cambios estructurales pero grandes modificaciones funcionales (DISFUNCION NEURONAL) que son responsables de los signos y síntomas de encefalitis que ahora comienzan a aparecer.

Como se puede observar en la fig. 7, el virus atraviesa la médula espinal para llegar al encéfalo, ya que los nervios periféricos de la pierna, donde se produjo el ingreso del virus, desembocan en la parte inferior de la médula. En este caso entonces se puede producir, además de la típica encefalitis, una inflamación de la médula espinal (mielitis). En cambio, si el ingreso del virus tiene lugar en la cabeza, los nervios que la inervan desembocan directamente en el encéfalo y por lo tanto no habrá mielitis (ver la distribución y desembocadura de los nervios periféricos en la fig. 7). O sea, dependiendo de la zona de ingreso del virus al cuerpo, puede haber o no mielitis.

Fig. 7. Ruta que sigue el virus rábico luego de ingresar al organismo.

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Figura diseñada por los autores del sitio.

De los hechos descriptos, se pueden obtener varias conclusiones acerca de la enfermedad:

A partir del momento en que el virus llega a las glándulas salivales, el individuo infectado es capaz de transmitir la rabia. Esta capacidad es previa a la aparición de los síntomas, ya que el tiempo que se requiere para alcanzar un nivel de multiplicación viral en el encéfalo que produzca disfunción neuronal es mayor al que necesita el virus para alcanzar las glándulas salivales. En los animales domésticos de compañía, el período que transcurre entre el momento en que el animal tiene la capacidad de transmitir la rabia y el momento de aparición de los signos de la enfermedad, es de alrededor de 10 días. Este hecho tiene una enorme importancia para el diseño de las estrategias de prevención y el control de la enfermedad, como se verá más adelante. 

Hasta que el virus accede al encéfalo y se multiplica lo suficiente como para causar disfunción neuronal, no hay signos ni síntomas nerviosos. Este es el llamado Período de incubación de la rabia: el virus está dentro del organismo pero aún no hay ninguna manifestación nerviosa porque para que la haya, el virus debe haber alcanzado el encéfalo y debe haberse multiplicado en él en un nivel que produzca disfunción neuronal. Mientras dura el “viaje” hasta el encéfalo, el individuo no se entera de que tiene el virus rábico en su organismo, la infección pasa inadvertida.

El mencionado período de incubación de la rabia es muy variable, de semanas a meses y hasta años en algunos casos, debido a que está determinado, entre otras, por las siguientes variables:

  • La carga viral inoculada (o sea, la cantidad de virus que entra al organismo).
  • La variante viral involucrada (cada variante tiene un comportamiento biológico diferente).
  • El tiempo en que el virus está multiplicándose en las células musculares o de la piel.
  • Cantidad de terminaciones nerviosas en el tejido por donde penetró el virus: cuanto más terminaciones nerviosas tenga un tejido, más posibilidades tendrá el virus para acceder al interior de los nervios y viajar hasta el encéfalo y más corto será el período de incubación. Por esta razón son peligrosas las mordeduras en manos, pies y genitales, pues son zonas del cuerpo muy inervadas.
  • La velocidad a la que el virus “viaja” por los nervios periféricos desde el sitio de entrada hasta el encéfalo.
  • Distancia entre el sitio de entrada del virus y el encéfalo: cuanto más próximo al encéfalo esté el sitio de entrada del virus, menos tardará en llegar el virus al mismo y más corto será el período de incubación. Por esta razón son peligrosas las mordeduras en cabeza, cara y cuello.
  • El tiempo que el virus tarda en multiplicarse en el encéfalo.
  • El nivel de las defensas del individuo.