Fecha de actualización: 10/06/2021
Parte I: Generalidades

Capítulo 13: Gammaglobulinas antirrábicas: características generales

A diferencia de las vacunas que como se explicó precedentemente, producen una “inmunización activa”, las gammaglobulinas antirrábicas aportan una “inmunización pasiva”. 

La palabra “pasiva” indica que no es necesaria una participación activa del sistema inmune para producir la protección como sucede con las vacunas, sino que esa protección se administra en forma directa, ya que las gammaglobulinas antirrábicas contienen precisamente anticuerpos antirrábicos. 

De lo dicho se desprende que la inmunización pasiva protege en forma inmediata debido a que lo que se administra son anticuerpos. En cambio, en la inmunización activa la protección no es inmediata, ya que lo que se administra es la sustancia (vacuna) que va a inducir la producción de anticuerpos, y esta producción de anticuerpos lleva un tiempo denominado período de latencia, que son los días que el sistema inmune tarda en sintetizar los anticuerpos en respuesta a la vacuna.

Pero así como protege en forma inmediata la duración de la protección que brinda la gammaglobulina es corta, pues los anticuerpos, como cualquier proteína, se degradan en el organismo, tienen una vida corta. En cambio, la protección que produce la vacuna, si bien no es inmediata, tiene larga duración, pues como la vacuna estimula en forma constante (mientras dure su período de vigencia) al sistema inmune para que produzca anticuerpos, los anticuerpos que se degradan van siendo reemplazados por nuevos anticuerpos que se sintetizan en forma permanente debido al estímulo vacunal. 

Cuando las características de la exposición hacen que el virus pueda llegar en muy breve tiempo al SNC (por ejemplo, una herida profunda en la cabeza provocada por la mordedura de un animal rabioso), el médico puede considerar la aplicación no sólo de vacuna sino también de gammaglobulinas para proteger al individuo hasta que la vacuna actúe, o sea, durante el período de latencia. 

Las gammaglobulinas antirrábicas para uso humano pueden ser de origen humano o equino. Las primeras provienen de la purificación del plasma de personas donantes que han sido sometidas a un potente plan de vacunación antirrábica a fin de que produzcan gran cantidad de anticuerpos antirrábicos (proceso denominado hiperinmunización). Las segundas, provienen de la hiperinmunización de caballos y son de menor calidad. Esta forma de obtención de las gammaglobulinas hace que su producción sea limitada y también costosa. En la actualidad, se están ensayando métodos biotecnológicos para la obtención de gammaglobulinas menos costosas y más seguras. 

Los efectos adversos que pueden llegar a producirse por aplicación de las gammaglobulinas son semejantes a los posibles efectos adversos de las vacunas en cultivo celular.

Aun no se han desarrollado gammaglobulinas antirrábicas para uso animal. Esto se debe a que la vacunación antirrábica periódica obligatoria de los animales domésticos de compañía, hace que tengan en forma permanente un nivel de anticuerpos protectores, razón por la cual no hay necesidad de aplicar gammaglobulinas. Podrían, no obstante, ser utilizadas como complemento de la vacunación en determinados casos que, por ser sumamente infrecuentes, no justifican la producción de un reactivo tan costoso como las gammaglobulinas antirrábicas.