Fecha de actualización: 10/06/2021
Parte I: Generalidades

Capítulo 11: Diagnóstico

Como sucede con la mayoría de las enfermedades infecciosas, la presencia en un individuo, humano o animal, de un cuadro clínico compatible con rabia, hace sospechar la enfermedad y por lo tanto advierte sobre la necesidad de un diagnóstico específico. 

El esquema 3 muestra el proceso de diagnóstico de la rabia.

Esquema 3. Diagnóstico de la rabia.

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Esquema diseñado por los autores del sitio.

Diagnóstico clínico

Es aquel que se basa en los síntomas y en los antecedentes del individuo enfermo.

Los síntomas característicos que se van manifestando a medida que la enfermedad avanza sumado al antecedente de exposición al virus rábico, resultan altamente indicativos de rabia, especialmente si se han podido descartar por distintos métodos, la posibilidad de que el individuo esté padeciendo otras enfermedades neurológicas. 

¿Es suficiente el diagnóstico clínico para asegurar que se trata de un caso de rabia?

La respuesta es “no”. Si bien la rabia provoca síntomas característicos y particulares que hacen que el diagnóstico clínico resulte altamente orientativo, el diagnóstico de certeza de la rabia, o sea, la confirmación de la enfermedad, implica la identificación del virus mediante pruebas de laboratorio. 

Diagnóstico de laboratorio

Como ya fuera descripto, el virus de la rabia es neurotropo y se localiza fundamentalmente en el SNC. Resulta lógico, entonces, que sea el SNC el tejido sobre el que se efectúen las técnicas de búsqueda de virus. Pero el acceso al SNC en el individuo vivo para tomar muestras de dicho tejido implica la realización de técnicas invasivas (biopsia de encéfalo, etc.) que provocarían más perjuicio que beneficio. Por lo tanto, la confirmación definitiva de que se trata de un caso de rabia, esto es, el diagnóstico de certeza, consiste en la realización de técnicas de laboratorio sobre muestras de SNC que se toman luego de la muerte del enfermo (post-mortem): el resultado positivo implica la confirmación del diagnóstico de rabia y el resultado negativo descarta esta enfermedad.

No obstante, y dado que el virus luego de multiplicarse en el SNC “viaja” en sentido centrífugo desde el SNC hacia diversos órganos y tejidos del organismo, en los humanos se intenta el diagnóstico de laboratorio pre-mortem buscando el virus en muestras de saliva y folículos pilosos de la nuca. Pero el “viaje” del virus a estos tejidos es escaso e intermitente y es difícil hallar el virus en estas muestras; entonces si bien la identificación del virus rábico (resultado positivo) en estas muestras tomadas pre-mortem implica la confirmación de la enfermedad, su ausencia (resultado negativo) no descarta la rabia.

También en el humano, pero sólo en individuos no vacunados contra la rabia, la detección de la presencia y del aumento progresivo de la cantidad de anticuerpos antirrábicos en sangre y líquido cefalorráquídeo puede ser de utilidad para el diagnóstico de la rabia pre-mortem. 

Líquido cefalorráquídeo (LCR): fluido que circula por el SNC para servirle de amortiguador de traumas y proporcionarle nutrientes. 

Como ya se dijo en el Capítulo 8, los anticuerpos antirrábicos que sintetiza el sistema inmune del individuo infectado no son útiles para protegerlo de la enfermedad. Pero pueden resultar útiles para orientar en su diagnóstico, ya que su presencia y más aún su incremento progresivo, son indicios de presencia del virus rábico. Por supuesto que esta prueba no constituye una confirmación de la rabia, o sea, no constituye un diagnóstico de certeza, pues no detecta en forma directa al virus en el individuo enfermo. Por otra parte, esta prueba de detección de anticuerpos antirrábicos sólo resulta apropiada en individuos que nunca hayan sido vacunados contra la rabia pues, si alguna vez fueron vacunados, pueden tener anticuerpos antirrábicos sintetizados como respuesta a la vacunación, que son indistinguibles de los anticuerpos sintetizados por infección con el virus. 

Pero el diagnóstico de laboratorio no finaliza en la identificación del virus y por lo tanto en la confirmación de caso de rabia, sino que el trabajo continúa para definir la variante viral a la que pertenece el virus hallado. Esto tiene una especial importancia pues permite reconocer el ciclo al que pertenece el virus y así obtener conclusiones de naturaleza epidemiológica.

La foto 11 muestra la imagen de un resultado positivo en la técnica de inmunofluorescencia directa (IFD), que es la técnica de referencia utilizada para el diagnóstico de la rabia. Existen otras técnicas para el diagnóstico, como el aislamiento viral en ratones o en cultivo celular y la transcriptasa reversa- reacción en cadena de la polimerasa (RT-PCR). Esta última técnica permite efectuar el diagnóstico en muestras que han llegado al estado de putrefacción debido a la mala conservación y/o al paso del tiempo, muestras que antes no podían ser evaluadas.

Foto 11. Imagen de una prueba positiva de inmunofluorescencia directa (IFD). 

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El puntillado verde brillante de diferente tamaño corresponde a la tinción fluorescente del virus rábico presente en la muestra.

Fuente: Centers for Disease Control and Prevention´s Public Health Image Library (PHIL), identification number #6455.