Fecha de actualización: 10/06/2021
Parte I: Generalidades

Capítulo 10: Cuadro clínico (síntomas y sígnos)

En humanos

Esquema 1. Cuadro clínico de la rabia en humanos.

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Esquema diseñado por los autores del sitio.

1. Período prodrómico o prodromo

Este período, de 2 a 10 días de duración, se caracteriza por la presencia de síntomas que preceden al desarrollo de la enfermedad. Se trata de síntomas inespecíficos, difíciles de relacionar con la rabia a menos que llegue a saberse que la persona tuvo una “exposición” al virus rábico. Típicos de este período son el malestar general, la cefalea (dolor de cabeza), la fatiga, el insomnio, la anorexia (reducción del apetito y de la ingesta de alimentos), la angustia, la ansiedad, la irritabilidad, la fiebre, las mialgias (dolores musculares) y las artralgias (dolores articulares). El 30 - 70 % de los pacientes desarrollan parestesia (sensación inusual o inexplicada de hormigueo, picor o quemazón) en el lugar de la herida por donde penetró el virus, que puede llevar a severas excoriaciones por rascado. En caso de que el virus haya penetrado por una extremidad, puede haber debilidad de dicho miembro, sobre todo cuando se trata de rabia transmitida por murciélagos. 

2. Período de estado

Los síntomas inespecíficos del prodromo van evolucionando hacia un cuadro clínico más específico de la rabia, que puede tomar, como ya se dijo, dos formas: furiosa o paralítica. En ambas se pueden reconocer dos etapas: una primera que se caracteriza por la manifestación de los síntomas y signos clínicos de cada forma de la enfermedad y una segunda etapa, común a ambas formas, en la que el paciente va entrando en estado de coma hasta terminar con su muerte.

2.a. Primera etapa:

2.a.1. Forma furiosa, clásica o encefalítica: es la forma que se presenta en los dos tercios de los casos de la enfermedad. Sus síntomas son:

  • Alternancia de períodos de hiperexcitabilidad, agitación, agresividad, alucinaciones y confusión (foto 5) con períodos de calma y lucidez; los primeros pueden aparecer espontáneamente o ser provocados por estímulos sensoriales táctiles, auditivos, visuales u olfatorios.
  • Presencia de una o más de las siguientes cuatro fobias:
    • Hidrofobia: fobia al agua. Es altamente indicadora de la rabia (sucede en el 50-80 % de los casos). Se debe a que el paciente, al tragar, sufre espasmos de garganta, con consecuente dolor y espasmos de los músculos respiratorios (especialmente los inspiratorios), síntomas que pueden estar acompañados por contracción de los músculos del cuello, náuseas, vómitos, tos, convulsiones y falta de oxígeno (el paciente no puede respirar debido al espasmo). Estos síntomas tan desagradables hacen que, por reflejo condicionado, la visión del agua e incluso la sola mención del agua o la idea de tener que beber, precipiten en el enfermo un sentimiento de terror, adoptando entonces aspecto de persona asustada, con los ojos y la boca abierta. El paciente puede sufrir deshidratación, debido a que es más fuerte la hidrofobia que la sensación de sed y entonces evita beber. La presencia de la hidrofobia se puede comprobar sencillamente, acercándole al enfermo un vaso con agua.
    • Aerofobia, fonofobia y fotofobia: falta de tolerancia a las más mínimas corrientes de aire, a los sonidos y a la luz, respectivamente. Se deben a la hiperestesia (exacerbación de la intensidad de las sensaciones). Frente a los estímulos involucrados en cada tipo de fobia, el paciente manifiesta síntomas análogos a los de la hidrofobia, como espasmos musculares especialmente de los músculos de la garganta, cuello e inspiratorios (con la consecuente dificultad respiratoria), asociados frecuentemente con actitudes de terror. La aerofobia es la más común de las tres y su presencia se puede comprobar haciendo incidir una corriente de aire (por ejemplo con un ventilador o un abanico) sobre el rostro del enfermo.
  • Espasmos musculares generalizados, hiperestesia o hipoestesia (exacerbación o reducción de la intensidad de las sensaciones, respectivamente), hipersalivación, lagrimeo, pupilas dilatadas, piloerección (pelos y vellos erectos) y fiebre.
  • Complicaciones cardiopulmonares (hiperventilación, depresión respiratoria, arritmias, entre otras).
  • En caso de que los espasmos, especialmente de los músculos de la garganta y respiratorios, sean tan severos que impidan respirar, el paciente puede llegar a morir por falta de oxígeno durante esta primera etapa de la rabia furiosa, sin pasar por la segunda etapa de la enfermedad.

2.a.2. Forma muda o paralítica: es la forma que se presenta en un tercio de los casos de la enfermedad. Es menos dramática que la forma furiosa y de curso más largo. El signo cardinal es la debilidad muscular fláccida que generalmente se inicia en los músculos más cercanos al lugar de entrada del virus (por ejemplo, los músculos de la extremidad mordida) y se extiende hasta comprometer los cuatro miembros y los músculos faciales, incluyendo a los músculos laríngeos con consecuente pérdida de la voz. La debilidad luego va evolucionando a parálisis, que sucede desde la parte inferior hacia la superior del cuerpo. No suele haber síntomas encefalíticos típicos de la rabia (como sí sucede en la forma furiosa) y si los hay son mínimos y de aparición tardía, lo que dificulta el diagnóstico, a menos que se conozca la existencia de una previa “exposición” al virus rábico. 

2.b. Segunda etapa (coma y muerte):

Tanto en la forma furiosa como en la paralítica, el paciente evoluciona progresivamente hasta el estado de coma, en el que hay falla de múltiples órganos y sistemas. Los pacientes con rabia furiosa desarrollan debilidad fláccida al ir entrando en coma, lo que no debe confundirse con las manifestaciones de rabia paralítica. 

La muerte se produce por paro cardiorrespiratorio, debido a que la acción del virus a nivel del bulbo raquídeo, sitio del encéfalo donde están los centros respiratorio y cardíaco, provoca una parálisis cardiorespiratoria que resulta mortal. 

La sobrevida promedio desde las primeras manifestaciones clínicas de la rabia hasta la muerte oscila, aproximadamente, entre 5 a 7 días en la forma furiosa y entre 11 a 13 días en la forma paralítica.

Como ya se señalara, en algunos casos de rabia furiosa, el enfermo muere antes de llegar al estado comatoso.

Se describen algunos casos de personas cuyo cuadro clínico no es el característico de la rabia (rabia atípica); aún se desconoce su causa y su significado. 

Foto 5: Paciente con rabia furiosa en el año 1959.

Nótese que está atado a la cama para evitar que se provoque daño a sí mismo o agreda a los demás durante los períodos de hiperexcitabilidad, agitación, agresividad, alucinaciones y confusión. En la actualidad y a fin de evitar las mencionadas circunstancias, se induce en el paciente un coma farmacológico.

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Fuente: Centers for Disease Control and Prevention´s Public Health Image Library (PHIL), identification number #2539